Manal nació en Agadir, al sur de Marruecos, frente al Atlántico. Estudió Ingeniería en la universidad de su ciudad y, poco después, cruzó fronteras para completar un año de estudios y trabajo en Francia. A su regreso, comenzó a trabajar en una multinacional española en Tánger, asumiendo un puesto de gran responsabilidad para alguien recién graduada. Vivía sola. Aprendía cada día. No solo a ejercer su profesión, sino a convertirse en la mujer independiente y fuerte que es hoy.

Manal es compleja, inquieta y profundamente libre. Para ella, viajar no es un lujo, sino una forma de comprender el mundo. Y casi siempre lo ha hecho sola. Ha recorrido países tan diversos como Vietnam, Laos, Camboya, Japón, China o Cuba. Viajar sola es también una declaración de intenciones: confiar en una misma cuando nadie más lo hace.

En octubre de 2021 se formuló la pregunta que cambia vidas:
“¿Y si arriesgo y pierdo? ¿Y si arriesgo y gano?”

Eligió arriesgar. Salir de la zona de confort. Aterrizó —literalmente— en lo que hoy llama su hogar: Madrid. Llegó con una maleta de 20 kilos y muchas dudas. El camino no fue fácil. Nunca lo es cuando una mujer decide apostar por sí misma. Pero el riesgo también educa, fortalece y revela. Nueve meses después, con un máster en la mano y amistades que hoy son familia, Manal lo tiene claro: la vida empieza justo donde termina tu zona de confort.
“Así que hazlo. Y si te da miedo, hazlo con miedo”.


¿Quién es Manal? ¿Cómo te defines?

Soy Manal, una persona curiosa, inquieta, rebelde y en constante construcción. Siempre me han definido más las preguntas que las respuestas: la necesidad de entender cómo funcionan las cosas, las personas y el mundo. Me apasiona la música, el baile y los viajes. Me interesa todo aquello que conecta culturas, historias y realidades distintas. Mis inquietudes giran en torno a la justicia social, la paz y el poder vivir juntos en un mundo sin guerras, la identidad, y la libertad de poder elegir quién queremos ser.

A lo largo de mi vida me he cambiado muchas veces de casa y cuidad, y cada mudanza ha sido una oportunidad para reinventarme. He tenido que volver a empezar, crear nuevos círculos, hacer nuevos amigos. Con el tiempo entendí algo esencial: mi casa soy yo. He aprendido que, cada vez que me muevo, soy capaz de construir algo bonito y de crear un lugar propio allí donde esté. Estar en movimiento define quien soy hoy. Me ha enseñado el valor de las relaciones humanas, la importancia de los vínculos sinceros y del cuidado mutuo.

Vivir en movimiento constante te hace consciente de que necesitas a la gente y de que la gente también te necesita. Creo de verdad en las relaciones humanas y en la capacidad que tienen de sostenernos, acompañarnos y dar sentido a nuestas vidas.


¿Qué querías ser de pequeña y cómo llegaste a la ingeniería informática?

Desde pequeña supe que quería aprender, comprender y no depender de nadie. Me sentí pronto cómoda con los números, la lógica y los retos, y con el tiempo encontré en la informática un espacio donde unir pensamiento analítico, creatividad y resolución de problemas. Fue una elección natural, guiada por afinidad y curiosidad, que con los años también adquirió un significado personal.


¿Qué es lo que más te gusta de la ingeniería informática?

Lo que más me atrae de la ingeniería informática es su capacidad de generar impacto real: crear soluciones, optimizar procesos y hacer funcionar sistemas complejos. Es un campo en constante evolución, donde el aprendizaje nunca se detiene. Es una carrera que recomendaría a personas curiosas, perseverantes y sin miedo a la complejidad, independientemente de su perfil. No existe una única forma de encajar en ella.

¿Cómo fueron tus años de carrera y tu experiencia laboral?

Mis años de formación los recuerdo de manera positiva. Siempre tuve cierta facilidad para estudiar: no fui especialmente brillante, pero mantuve una trayectoria constante, buenas notas. La disciplina ha sido una de mis principales fortalezas. Además, conté con un apoyo fundamental en casa: mis padres, provenientes del ámbito científico y muy conscientes de la importancia de la formación, siempre me dieron los medios y el acompañamiento necesarios para desarrollarme académicamente. Gracias a ello, viví la etapa universitaria con estabilidad y sin grandes dificultades.

En el ámbito laboral he acumulado experiencias muy diversas, lo que me ha permitido adaptarme a distintos entornos, aprender a gestionar la presión y entender mejor las dinámicas profesionales. Soy una persona exigente y perfeccionista, y durante años esa autoexigencia se tradujo en una presión constante. Con el tiempo he aprendido a reconocerla y a transformarla en una herramienta de crecimiento, y no en un límite.


¿Quién te ha apoyado en tu camino?

Mis padres han sido, al cien por cien, el mayor apoyo de mi vida. Han sido el pilar sobre el que me he sostenido en cada etapa y en cada decisión. Aunque mi carácter inquieto y rebelde me ha llevado a tomar caminos poco convencionales, nunca me falto su confianza ni su respaldo. Me apoyaron para terminar mis estudios en Francia y han estado presentes incluso cuando mis decisiones implicaban riesgo e incertidumbre. Ese acompañamiento fue determinante.


Viajar sola como mujer: una forma de libertad ¿Por qué viniste a España?

Llegué a España en un momento de profunda reflexión personal. Despuès del Covid sentía una sensación de pausa, de estancamiento, y apareció en mí un deseo claro de salir de la zona de confort y romper la rutina. No fue por falta de oportunidades en Marruecos , realmente estaba en un punto sólido de mi carrera, sino por la decisión consciente de arriesgar y abrir una nueva etapa de crecimiento personal y profesional.

De España me gusta su diversidad y la convivencia de culturas. Es un país donde lo colectivo tiene mucho peso: la vida se vive hacia fuera, en la calle, en la conversación, en el encuentro. También me gusta la relación con el tiempo y con lo cotidiano: la forma de disfrutar de los pequeños momentos, de cuidar los vínculos y de dar espacio a lo humano más allá de lo productivo, que me recuerda mucho a Marruecos. España me ha ofrecido un espacio donde reinventarme, donde es posible construir un lugar propio. Es un país con una gran capacidad de adaptación y apertura.


¿Qué significa para ti el feminismo interseccional?

Vengo de una sociedad donde las mujeres aún tienen que luchar por derechos básicos y donde el día a día no siempre es fácil. Haber crecido en un entorno familiar privilegiado no me ha alejado de esa realidad; al contrario, me ha hecho más consciente de ella. Esa conciencia implica también una responsabilidad.

Para mí, el feminismo interseccional consiste en entender que las desigualdades se cruzan género, origen, clase social, educación y que no todas partimos del mismo lugar. Por eso considero fundamental que las mujeres estén formadas y sean económicamente independientes: no solo como desarrollo individual, sino como una herramienta para romper ciclos de dependencia que limitan la autonomía y la capacidad de decisión de las mujeres.


“القلوب تتكلم قبل الألسنة” Al qouloub tatakal’lam qab’la al alsinah
Los corazones hablan antes que las lenguas.

Viajar sola como forma de libertad

mi curiosidad y a mi manera de relacionarme con el mundo. Me gusta hablar con la gente, escuchar historias y conectar. Desde hace ocho o nueve años viajo principalmente sola, y esa experiencia ha sido transformadora. Me ha enseñado a adaptarme, a escucharme por dentro, a desprenderme de prejuicios y a confiar en mí. Viajar sola me confirmó algo fundamental: puedo integrarme en lugares desconocidos, disfrutar del encuentro con otros y, al mismo tiempo, estar en paz conmigo misma. También es una forma de afirmación personal: puedo hacerlo sola.


Un mensaje para las seguidoras de ALNISÁ

Agradezco profundamente la oportunidad de tomar la palabra. Valoro las iniciativas que apoyan a mujeres migrantes, especialmente africanas y musulmanas, en un contexto marcado por prejuicios, estereotipos y racismo estructural. Nuestro día a día no siempre es fácil: convivimos con miradas que nos encasillan y con la exigencia constante de demostrar más
para ocupar un espacio legítimo. Pero estamos aquí. Ocupamos espacios. Tenemos voz, criterio y capacidad de transformación.

Crear lugares donde las mujeres podamos hablar, escucharnos y reconocernos, especialmente
cuando compartimos experiencias y orígenes, es fundamental. No creo que mi historia sea excepcional, pero sí creo en el poder de compartirla. Si puede ayudar a que al menos una mujer se sienta más libre, más fuerte o más independiente, entonces ya estamos generando cambio. Y eso, para mí, es lo verdaderamente importante.


Viajar, comunicación y humanidad: Japón y China

Queremos compartir un mensaje tuyo de tus viajes a Japón y China porque nos pareció muy interesante, muy expresivo sobre la comunicacion humana y el intercambio cultural; Ademas y puede servir a otras viajeras.

»Antes de empezar este viaje tenía la duda si lograría conectar con la gente, con esa barrera del idioma que parecía tan alta. Pero nada más llegar, entendí que no hacía falta compartir palabras para compartir humanidad: la gentileza de las personas en China fue el idioma más universal que pude encontrar.


Hubo momentos en que hablar resultó innecesario. Recuerdo aquella tarde en que la lluvia me sorprendió de repente y una chica, corrió hacia mí y me cubrió con su paraguas. O en aquel tren, la joven a mi lado me ofreció su almohada para que pudiera descansar.

Me conmueve ese lenguaje silencioso: el de la amabilidad, el de los gestos sencillos que dicen más que cualquier frase. Ellos me recordaron que el idioma más valioso que se aprende viajando no está en los libros, sino en la empatía.
A veces basta con una pregunta sencilla, como: “¿Cómo es el cielo en tu país?”. Respondí que, al igual que aquí, el mío también se viste de estrellas. Y cuando me preguntaron si me gusta China, he contestado sin dudar: me encanta China, porque aquí he descubierto que puedo hablar de cielos y de estrellas sin necesidad de traducir nada.»