¿Quién dijo que las matemáticas son frías? Detrás de cada ecuación también puede haber esperanza. La Dra. Soukaina Sabir, científica marroquí y profesora de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), ha dedicado su carrera a demostrar que las matemáticas pueden contribuir a salvar vidas. Especialista en biomatemáticas, utiliza modelos matemáticos para mejorar terapias innovadoras contra el cáncer. Su historia es también la de una mujer que, gracias a la educación, el esfuerzo y el apoyo de su familia, ha construido una brillante trayectoria científica entre Marruecos y España.
¿Cómo nació tu pasión por las matemáticas y la ciencia?

Desde pequeña tuve la suerte de tener profesores muy inspiradores que despertaron mi curiosidad. Sin embargo, lo que siempre me atrajo de las matemáticas, por encima de otras disciplinas, fue su naturaleza: me parecían la ciencia más clara, lógica y transparente. Encontraba una belleza especial en el hecho de que, a través de la lógica pura, se pudieran entender y resolver problemas complejos.

¿Qué papel desempeñó tu familia en tu educación y en tus decisiones profesionales?
Un papel absolutamente fundamental. Mi familia, y muy especialmente mi padre, siempre nos apoyó a mis hermanas y a mí de forma incondicional. Desde el principio, nos inculcaron la importancia de estudiar, de exprimir todo nuestro potencial y de llegar lo más lejos posible. Para mis padres, la educación era la clave para que fuéramos mujeres independientes, capaces de elegir nuestro propio camino y valernos por nosotras mismas. Ese respaldo ha sido el motor de mi carrera.

¿Cómo fue tu camino desde Marruecos hasta convertirte en investigadora y profesora de ciencias en la Universidad Carlos III en España?
Mi área de investigación son las matemáticas aplicadas a la oncología. Buscando datos para mi trabajo, contacté con MOLAB (el Laboratorio de Oncología Matemática aquí en España). Me invitaron a hacer una estancia de investigación (internship) que culminó en una publicación científica y, posteriormente, me ofrecieron un contrato postdoctoral. El principio no fue sencillo, principalmente por la barrera del idioma, ya que no hablaba español (¡y todavía sigo aprendiéndolo!).

Sin embargo, el equipo de MOLAB me arropó muchísimo; me ayudaron con la integración, con toda la burocracia, la homologación del título… Se convirtieron, y siguen siendo hoy, mi segunda familia en España. Tras el postdoc, logré conseguir mi plaza de Profesora Ayudante Doctora en la UC3M, donde hoy combino mi pasión por la investigación y la docencia.
Has tenido que enfrentarte a estereotipos por ser mujer, científica y musulmana. ¿Qué desafíos encontraste en tu trayectoria académica y profesional? Cuéntanos más sobre tu experiencia tanto en Marruecos como en España.

En el ámbito universitario, sinceramente, nunca he sentido un trato diferente por ser una mujer musulmana o de origen marroquí. La universidad es un entorno intelectual, multicultural y abierto, donde la mayoría de las personas entienden que la religión es una dimensión puramente personal que no debe interferir en las relaciones sociales o profesionales.
Yo respeto profundamente a todo el mundo, sin importar su origen, y a cambio recibo el mismo respeto.

A veces, en la calle o fuera del entorno académico, también te encuentras con personas más cerradas que tienen una idea completamente errónea sobre las mujeres árabes o musulmanas y generalizan sus prejuicios. Ante esto, hay algo crucial que todas las mujeres necesitan entender, pero especialmente las mujeres musulmanas: cuando eres una persona educada, formada y con un nivel intelectual, no tienes absolutamente nada que justificar ante la sociedad. Tu nivel, tu valía y la posición que has alcanzado ya reflejan perfectamente quién eres sin necesidad de dar explicaciones a nadie.

En Marruecos, por ejemplo, contamos con universidades de un nivel altísimo que ofrecen a las mujeres una formación excelente, permitiéndoles competir y destacar en cualquier parte del mundo. La mujer marroquí actual es intelectualmente libre, tiene las herramientas y la preparación para desarrollar la carrera que desee, exactamente igual que cualquier mujer europea. Nuestro trabajo y nuestra mente son nuestra mejor carta de presentación.
¿Qué obstáculos has tenido que superar para llegar hasta donde estás hoy?

El obstáculo más inmediato al llegar a España fue, sin duda, el idioma y la adaptación a un sistema burocrático nuevo para mí. Salir de tu país y empezar de cero en un entorno académico diferente siempre exige un esfuerzo extra de resiliencia.
No obstante, cuando cuentas con un entorno que te apoya y tienes claro tu objetivo, los obstáculos se transforman en etapas de aprendizaje.
A lo largo de tu trayectoria en España, ¿qué actitudes o valores has encontrado en tus colegas, estudiantes y entorno que más te han marcado?

Lo que más me ha marcado es la acogida y la calidad humana. El equipo de MOLAB me integró desde el primer día como a una más de su familia. Por otro lado, la relación con mis estudiantes en la UC3M es maravillosa. A los alumnos no les importa de dónde vienes; valoran tu pedagogía, tu dedicación y el esfuerzo que pones en hacer claras las matemáticas.
De hecho, en mi primer año recibí una carta de felicitación gracias a las votaciones de mis estudiantes, lo cual fue un reconocimiento precioso que jamás olvidaré. Con mis colegas de departamento mantengo una relación excelente, de profundo respeto profesional y, en muchos casos, de amistad.

Si tuvieras que destacar los aspectos humanos que más valoras de tu experiencia en España, ¿cuáles serían y por qué?
Destacaría la generosidad, el compañerismo y la capacidad de empatía del equipo que me rodea en el laboratorio, quienes me integraron como a una más. Me hace muy feliz poder ejercer mi profesión en un entorno que me permite crecer, enfrentarme a retos científicos apasionantes en el campo de la oncología matemática y, al mismo tiempo, estar en una posición desde la cual puedo motivar e inspirar con mi ejemplo a las futuras generaciones de estudiantes de la UC3M.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a las jóvenes que sueñan con dedicarse a la ciencia?
Les diría que no se pongan límites y que no permitan que nadie decida por ellas lo que son capaces de hacer. Las ciencias, y las matemáticas en particular, no entienden de género ni de procedencia; solo entienden de pasión, esfuerzo y lógica. Si sueñan con ser científicas, que confíen en su intelecto y en sus capacidades, porque tienen todas las herramientas necesarias para llegar a lo más alto.

¿Crees que la independencia económica es un elemento importante para que una mujer pueda elegir libremente su camino?
Sí, totalmente. La independencia económica es sinónimo de libertad. Te da la autonomía necesaria para tomar tus propias decisiones, diseñar tu futuro y elegir tu camino sin depender de nadie ni verte condicionada por factores externos. Es algo que mi padre nos enseñó desde niñas y que considero vital para el desarrollo de cualquier mujer.
¿Qué ha significado para ti viajar, estudiar y trabajar en diferentes países?

Ha sido una experiencia increíblemente enriquecedora. Aunque provengo de Marruecos, que ya es de por sí un país muy multicultural y de mente abierta, vivir y trabajar en España me ha permitido crecer muchísimo a nivel personal y profesional. Trabajar en un entorno tan diverso como la UC3M te enseña a valorar la pluralidad y a entender que la diversidad cultural es una de las mayores fuentes de riqueza para la ciencia y la sociedad.